Escritura Creativa

Despertar la creatividad permite descubrir una nueva forma de ver la realidad y redefinirla.

El objetivo del ejercicio es demostrar que a partir de pequeñas cosas se puede encender la chispa del proceso creativo. Un proceso que busca trascender, en este caso un objeto, y darle un nuevo sentido.

En el fomento de la lectura es fundamental la interpretación que se le puede dar a un texto. La escritura, como complemento, nos permite desarrollar la idea inicial de una forma completamente nueva, hasta apropiarse de ella y convertirla en una obra original.

A continuación les presentamos la imagen del objeto utilizado durante el Taller y algunos textos de los participantes a partir de su observación y uso.

 

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La castañuela

A la distancia se oye tu canto que invita a la reflexión. El sol y la luna y a su alrededor los puntos de muchas tonadas. Muchas manos te han tocado y preguntado ¿qué eres? ¿Qué podemos decir de ti?

Pues bien, yo digo:

Castañuela que llegaste a mis manos como un trabajo que me hace pensar en los significados que a todo le busco y, por cierto, no a todo encuentro, pero a ti, bien podría hasta inventarte un cuento.

Ella estaba ahí, en aquel lugar abandonada. Tal vez en reposo. Tal vez en espera de volver a ser acariciada. Tal vez fastidiada después de una larga jornada de práctica, se encontraba muy quieta la señora castañuela. .

De material sonoro al choque de sus lados, de un color azul cielo y alegre tonada, como emblema del motivo para el que fuiste creada. El sol y la luna estampados a tu costado dicen muchas cosas y muchas veces te encuentras muy callada. Al volverte a tomar en cuenta, desplegaste un sinfín de ideas acumuladas, ahí, donde la imaginación suena. ¡Bienvenida a mi mente, señora castañuela!

Beatriz Castillo Cruz

Rotación

¿Lo toco?, ¿Lo robo?, ¿Para qué?

Es capaz de frotarse a sí mismo. Permanece inmóvil hasta que otras manos hacen de él una ilusión.

Una soga pende al extremo y parte de su vida va con ella.

¡Cuidado! Cae al suelo. Una cicatriz lo acompaña el resto de su existencia.

Carmen Hernández

 

Mi More

En la oscuridad de ese espacio, apenas alumbrado por una tenue luz, el taconeo a la par con el sonido alegre, noche tras noche Josué admiraba en silencio la hermosa figura, no logrando definir cual, era el motivo de su asidua visita a ese lugar, ¿que era? La grácil figura de esa morena de pelo negro, ¡su energía al bailar! Ya había transcurrido una semana de su regreso al pueblo y ese anhelo de estar cerca de ella, iba creciendo…

Cada vez se sentía más subyugado por esa magia.

Recordaba cuando jugaban siendo niños, y ella le decía que su sueño era bailar.
Y verla disfrutar, recordaba cuando sus manitas jugaban con unos pedacitos de madera.

Leticia Carballo Alarcón

 

El regalo

En la última fila, mirando al pizarrón sin leer lo que estaba escrito, Alicia esperaba impaciente el momento de encontrarse con su padre. Para ella, encontrarse con él siempre era una gran ocasión, porque él viajaba frecuentemente y el tiempo que pasaban juntos le parecía insignificante. Aquello que sentía le impedía entender lo que Miss Maggie estaba tratando de explicarles, escuchaba su voz, pero no entendía sus palabras, como si Miss Maggie hablara en un idioma que le era absolutamente ajeno.

Para Alice, como la llama su padre, él era el mejor del mundo. Pasar la tarde juntos implicaba alegría y sorpresas. Su padre siempre le traía de sus viajes regalos únicos, objetos desconocidos o raros. Cada uno iba ocupando un lugar especial en su colección no sólo porque para ella eran símbolo inequívoco de que su padre siempre pensaba en ella, sino porque le resultaban tan extraños que la hacían sentirse especial.

En aquella aula, la impaciencia que la atormentaba se acumulaba en su estómago, eran esas ganas de salir corriendo para abrazar a su padre y preguntarle ¿qué me has traído hoy? Cuando por fin sonó la campana, Alicia tomó su mochila abierta y corrió sin detenerse hasta la puerta, mirando alrededor, buscando a su padre. Cuando sus miradas se cruzaron ella corrió para saludarlo de forma efusiva, su padre tomó su mano izquierda y le entregó un objeto que le pareció tan extraño que no lo supo interpretar, lo miró con curiosidad, lo pasó de una mano a otra, observó que tenía una cuerda que se ajustaba perfectamente a su dedo medio.

Intrigada, tiró de la cuerda para saber qué sucedía y el objeto se abrió, la cuerda estaba atada a uno de los discos y que éstos tenía un hueco en el interior. Se sintió un poco decepcionada; sin embargo sonrió a su padre y le dijo:

─¡Gracias! ¡No tenía uno así! ¡Recordaste que mi color favorito es el azul!─.

La insatisfacción la acompañó durante la comida, también en el cine y mientras su padre le leía un cuento por la noche, se sentía incapaz de decirle a su padre que se sentía triste porque esta vez le había regalado una chuchería que ni siquiera sabía qué era.

Cuando terminó de escuchar el cuento, se despidió, pero no podía dormir. Pensó que en realidad lo más sencillo era preguntar qué era aquello tan extraño y así por fin dormiría en paz. Así, tomó el objeto con su mano derecha, lo miró y le dijo con voz muy sería: ¡vamos! Dime, ¿qué eres?, como es de esperarse el objeto no respondió y Alicia muy frustrada lo escondió bajo su almohada.

Sin darse cuenta se quedó dormida y de pronto comenzó a escuchar: ¡clap, clap, clap, clap!, era un sonido extraño, pero armonioso, casi tranquilizador, le pareció que ese sonido se acompasaba con el latido de su corazón. Sintió tranquilidad y felicidad, aquel sonido que escuchaba y el latido que sentía se hicieron uno sólo, ¡clap, clap, clap, clap!.

Maricruz Gómez

 

Objeto forastero

No sabía lo que había encontrado a la orilla del mar, sostenía en sus manos un objeto que le parecía divertido. Al oprimirlo omitía un sonido excepcional, sin duda parecía algo que no se había originado en el mar, un objeto forastero.

El niño se puso de pie y siguió caminando por la orilla con el horizonte como compañía, cargaba el objeto en su mano. Ahora le pertenecía. Llegó a un sitio muy extraño lo que parecían ser unas ruinas, tal vez algo en construcción que nunca pudo ser terminado. El niño jugaba en la arena y vagaba por el sitio acompañado del sonido de este misterioso objeto.- Crac. Crac. Crac. Craccracracrac.

El sol comenzaba a meterse, sin duda sus padres se preguntarían donde se había metido. El niño comenzaba a sentirse asustado mientras la oscuridad inundaba con gran densidad el lugar. El último rayo de sol logro esconderse tras el mar, la luz se apagó por completo, el silencio se fundió con la negrura. El pequeño tomó el objeto en sus manos, lo miró, lo guardo en su bolsillo y continuó su camino, un camino que no lo llevaba a casa.

Martha Vázquez Osorio

 

(Vértebras)

Me dijo que el mar tiene el mismo sonido, que en mis manos puedo hacer encontrar a las olas y ahogarme sin sentir que el aire falte. Desde niño, siempre me gustó aventarme al agua y tener la sensación de que el agua invade mi piel, estar en la boca de alguien y ser tragado como un pepinillo por un señor de dientes grandes. Abrir los ojos y poder respirar. Sonreír y ver los rayos del sol. Me las regalaste cuando cumplí 9. Aún las tengo guardadas y frecuentemente las llevo en mi bolsillo derecho del pantalón. Las hago sonar, y veo el mar, que aún no conozco, en su oscuridad. Me dijiste que tiene el mismo sonido de un eclipse lunar. De poder hacer bajar a la luna a medio día o a media noche. Me las regalaste hace no sé cuánto tiempo. Antes de este crap crap crap. Crap crap que no me deja tocar ningún tiempo, ninguna sombra. Crap crap crap, atorado siempre en la garganta. Crap crap un pez rojo, como una marea se mueve dentro de mí. Soy un anfibio que se ha cansado. Crap cruack cruak.

Perla Muñoz

 

Clap

Y así… Sin más, llegó a mis oídos su sonido audaz, moviendo aquellas fibras que alguna vez fueron vida

¡Clap, Clap, Clap!

Vi su sonrisa brillando desde lo profundo de la habitación, y sus ojos (esos ojos) clavados en mi persona, no, no en mi persona, sino más allá de ella, en aquel fugaz instante que creía recordar.

¡Clap, Clap, Clap!

Sonó a lo lejos, brillando con su pintura con las huellas aún tibias de su artesano.

¡Clap, Clap, Clap!

Sonó más lejos, aún más lejos, cambiando de mano en mano, al igual que aquella idea que alguna vez osé abrazar.

Rodrigo Rosales

Destino

La pieza final terminó, el público aplaudía estrepitosamente y dejaba ver el contento que la música había dejado en sus corazones.

Ernesto estaba satisfecho y sonreía mientras sostenía en su mano su vieja castañuela.

Que lejos estaba el día en que tonteando por la calle la encontró ahí, como si lo esperara, una castañuela azul, con esa estrella amarilla que ya ahora no se alcanzaba a distinguir completamente.

Bien sabía que ese pequeño objeto había cambiado su vida por completo, pues lejos  había quedado el barrio, la violencia y la suerte que parecía haberle sido asignada desde antes de nacer, la misma suerte que tantos de sus amigos habían corrido.

Pero ahora estaba ahí, en el escenario, con su vieja castañuela entre sus dedos…. Y sonreía.

Yetzabeth Montaño

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