Narrar es conjugar

Lo que ocurre son palabras.
Samuel Beckett

¿Por qué fomentar la lectura y la escritura a través de la narrativa?

Porque lo hacemos casi como un acto involuntario.

Cuando intentamos armar nuestros sueños cada mañana.

Cuando caminamos, cuando conducimos o nos lleva el transporte a nuestro destino.

Cuando hablamos de nosotros y de los demás.

Narramos.

Narrar es inherente al ser humano, y es quizá lo que nos hace ser precisamente humanos. De alguna manera, nos pasamos la vida contando y buscando historias.

Los relatos hipnotizan. Nos envuelven con su ritmo y sus cadencias, nos seducen con esa curiosidad que provoca el final incierto.

Los relatos mueven, empujan, estiran, moldean las mentes. A través de las historias logramos comprender el entorno, a los demás y a nosotros mismos.

Los relatos caminan con los bolsillos llenos de preguntas. Reflexiones que nos que nos indagan cada vez que termina una historia.

Pero si la narración no se entiende sin hechos, tampoco se puede explicar sin palabras.

Primero fueron las narraciones orales y después, con la escritura, desembarcaron los cuentos y las novelas.

La escritura permitió conservar ideas, pensamientos y sentimientos. Es el lenguaje que permite desmenuzar cada mensaje con detalle gracias a su permanencia: la humanidad se desarrolló alrededor de los relatos; la civilización nació con la escritura.

El cuentero colombiano Nicolás Buenaventura dice:
Creo que quien crece con cuentos crece con más palabras y creo que con cuantas más palabras, más ideas, más pensamientos. Creo que uno no puede pensar lo que no puede nombrar, que no se le ocurre lo que no puede decir y para nombrar y decir necesita palabras. Creo que quien crece con cuentos cuenta con más alternativas para enfrentar las dificultades y un mayor número de miradas para evaluar una situación.

Leer y escribir narrativa es un acto cotidiano: leemos en cada suceso que percibimos con cada uno de los sentidos, escribimos en cada experiencia. Y cada historia, propia y ajena, nos transforma, nos modifica y, en ocasiones, tuerce destinos, rompe esquemas.

La narrativa redefine la realidad, dice el escritor mexicano Edson Lechuga, y continúa, porque en la literatura, no se narra lo sucedido, sino lo que aprendimos de lo sucedido.

Leer y escribir narrativa nos permite leernos y escribirnos.

Es conjugar nuestra existencia.

carlos lópez-aguirre
Barcelona, 2014

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